Lo primero es tener ganas de empezar. El primer paso para querer una vida nómada es imaginarte de esa manera en tu cabeza. Este ejercicio se llama “proyectarse”: tienes que visualizarte como quieres ser; es el primer paso para creerlo.
¿No te pasa que muchas veces, cuando estás camino al trabajo mirando por la ventana de tu vehículo personal o del transporte público, te encuentras soñando que vas rumbo a algún lugar con tu mochila, o que estás en un sitio donde te sientes libre y haces lo que amas? Mientras miro por la ventana pienso: podría estar sentado en alguna playa del mundo trabajando desde mi computadora, haciendo voluntariado y ayudando en alguna comunidad para crecer tanto personal como profesionalmente. A veces me siento solo y tengo este sentimiento dentro de mí de que algo grande me está esperando y que ahora mismo me estoy perdiendo de algo muy importante. Podría ser por no estar presente en mi realidad actual, o podría ser que mi corazón sabe que hay algo más que esto esperando por mí. En la oficina soñaba con ser libre, con poder disfrutar lo que hago sabiendo que voy en la dirección apropiada para mí mismo, no para otro.
¿Y si te dijera que hay formas de encontrar ese estilo de vida? Que existen maneras de trabajar de forma remota o hacer voluntariado. Todo lo que imaginas para empezar a recorrer el mundo es posible. La comunidad es incluso más grande de lo que te podías imaginar. ¡Sí! ¿Qué harías ahora? ¿Seguirías con tu rutina o saldrías de tu zona de confort? Hay muchas formas de emprender tu viaje y, en el camino, quizás no quieras regresar a casa, porque casa es donde tú estás. ¡Tu casa siempre serás tú mismo y los valores que lleves contigo! El primer paso es tomar el riesgo y decir: “Yo merezco más que esto”. Pregúntate a ti mismo de qué tienes miedo. ¿Y qué pasa si resulta?
Muchas personas te dirán: “Ah, no, estás loco”, por querer más de lo que la sociedad actual demanda. Mucha gente está cómoda con eso, con llevar una vida sedentaria y rutinaria. No hay nada de malo en ello; al contrario, lo respeto. Y sabemos que el dinero es uno de los medios más importantes, ya que nos da seguridad para pagar el hogar, nuestros gustos y cuestiones personales. Pero al final no es lo más importante, recuerda eso. Hay métodos para poder seguir costeando esas cosas en el camino. Solo te dejaré una pequeña semilla para que hagas un autoanálisis y, a partir de ahí, tú sabrás. Pregúntate: ¿Este trabajo, o lo que sea que estés haciendo, te lleva o te está subiendo un escalón más hacia donde van tus sueños? Analiza tu situación. ¿Estás construyendo o trabajando para cumplir el sueño de otros? ¿Estás soñando con algo más grande? Si la respuesta es “sí” a la primera y “no” a la segunda, entonces creo que es tiempo de cambiar el camino, mi querido lector.
Yo, en lo personal, empecé trabajando en call centers para ganar dinero. Esto me ayudó con el idioma y luego trabajé como editor y fotógrafo independiente. Todo esto sumaba a la persona en la que quiero convertirme y aún estoy trabajando en eso; es un trabajo constante el de construirse a uno mismo. Antes intentaba construir quién era para encajar en el entorno social al que pertenecía en ese momento. Siempre me dije que todo lo que haga debo hacerlo con cariño. También me preguntaba que no quería despertarme un día sentado en un lugar donde no me siento feliz, preguntándome qué hice conmigo todos estos años, rodeado de cosas materiales y situaciones que no me llenan como persona y que solo me brindan una comodidad falsa que me ata al lugar donde estoy. Era tiempo de cambiar, sin importar el qué dirán. Al final, somos nuestro proyecto más importante.
Un día me levanté y dije: “Quiero empezar ya”. Dirigí todas mis energías hacia donde quiero ir, porque sé que el universo está a tu favor cuando quieres algo de corazón. Empecé a comprar mis cosas y, paso a paso, conseguí mi primer equipo de viaje: la mochila, el equipo de baño, la cámara (ya la tenía, por suerte), los zapatos, las botas y otros artículos. Todo lo que consideres necesario para emprender el viaje, ya sea de corta o larga duración, según lo que te hayas planteado. Más adelante te hablaré de mi equipo.
OJO: no te digo que tengas que parar todo. Te dije que consideres qué es importante para ti, no para la sociedad o las personas que te rodean. Pregúntate a ti mismo: ¿qué harías tú sin importar el qué dirán? Yo, en lo personal, prefiero vivir una vida que me lleve a mí y no hacer las cosas por complacer o encajar en el círculo social al que actualmente perteneces. Una vez que empecé a tomar decisiones que me llevaban más hacia donde quería ir, todo empezó a sentirse más liviano. Empecé a disfrutar más de las cosas simples, como apreciar la naturaleza, caminar en lugares desolados, ser más agradecido con lo que tenía, tratar a las personas con más respeto e incluso aprender a lidiar con situaciones que antes me derrumbaban, de una manera más madura. Y lo más importante: elegirme a mí mismo por encima de todas las cosas y conectar más con mi familia de forma más tolerante. Ahora tenía más tiempo para respirar y enfocarme en los detalles de la vida que la hacen más interesante, y no en lo superficial que nos hace vivir en automático. Aprendí que tu tiempo es lo más importante que puedes dedicar a algo o a alguien.

